No puedo creer haberte conocido,
no puedo creer que estés aquí conmigo.
Me alegra que hayas aceptado mi invitación.
Muchas personas vinieron antes, pero nadie como vos.
Nadie tan... ideal.
¿Querés tomar algo? ¿Deseas sentarte?
No tengo nada para ofrecerte,
nada para alguien como vos.
Seguramente que en tu vida ya te ofrecieron muchas cosas.
Tengo un palacio como hogar,
y también todo lo que puedas imaginar.
No sé si eso estará a tu altura o eso te importará.
Por favor, no me malinterpretes, no busco sorprenderte,
solo te cuento lo que tengo.
No tengo nada para ofrecerte,
nada para alguien como vos.
Al palacio lo rodean grandes
extensiones de campos verdes,
animales exóticos y un
ecosistema que se mantiene por sí mismo.
Hay ríos y lagos donde se puede nadar o pescar.
No hay cocineras ni mayordomos.
No hay servicio al cuarto a las 3 de la mañana.
De hecho, no hay nadie.
El eco de mi voz retumba en los pasillos.
Está siempre abierto,
y siempre solitario.
Cerca de la entrada principal,
hacia la izquierda, hay un pasillo corto
y al final una puerta que siempre debe estar cerrada.
Siempre cerrada.
¿Querés saber qué hay?
Solo una habitación inmensa con ventanales gigantes...
pero tapiados.
A esa habitación no debes entrar nunca. Después te explico.
Sigamos, en el exterior hay un hangar.
Desde allí el avión particular nos puede llevar al
destino que elijamos. Sin aduanas, sin controles.
Te invito allí, acompañame a una aventura sin igual.
Viajamos, volvemos, descansamos y volvemos a partir.
Podemos almorzar cerca del Coliseo romano y al otro día
descansar en la playa de La Malagueta o Santorini.
Podemos viajar cuantas veces queramos.
Soy rico, puedo ir a cualquier lugar.
No tengo nada para ofrecerte,
nada para alguien como vos.
Antes de que siga contando dejame advertirte que
siempre estarás a salvo.
Está todo controlado.
A veces parece que una chispa ocasionará
un infierno alrededor, pero está todo controlado.
Todo controlado.
Te diré cuando hablar y cuando callar, cuando reír y cuando llorar.
Te explicaré como se vive allí, en mi palacio, y podrás conocer
maravillas, comer y beber manjares, extasiarte con la música
y emborracharte con las vistas desde el balcón.
Todo es y será perfecto.
Haceme caso y no te perderás nunca.
Sígueme y te prometo la felicidad eterna.
Sígueme, pero no toques nada.
Todo es frágil. Los adornos de oro y porcelana
tambalean en todas las salas.
La pintura es vieja, se descascara.
las puertas rechinan a falta de mantenimiento en las bisagras.
Pero quédate cerca, camina despacio y no corras.
Nunca corras.
Si escuchas gemidos de dolor detrás de la puerta que
antes te mencioné, no le prestes atención.
Si bien la puerta está sin seguro, nunca debes entrar ahí.
En el palacio el aire está viciado,
es un olor que aun no puedo sacar.
Abrí las ventanas, mirá los imponentes paisajes,
pero después volvé a cerrarlas.
No quiero que entre nada de afuera,
ni que nada se vaya.
Abre de vez en cuando para ventilar,
pero solo de vez en cuando.
Yo te avisaré el momento de hacerlo.
Sé que aun no es suficiente, te mereces más que esto.
Puedo transformarte,
que pienses como yo,
que sientas como yo,
pero te mereces más.
Puedo transformar tu cuerpo, hacer lo que
Miguel Ángel le hizo a Moisés,
pero te mereces más.
No tengo nada para ofrecerte,
nada para alguien como vos.
No me acompañarás, no confías en que
pueda hacerte inmensamente feliz.
Me miras con cara extraña.
No puedo explicarte, no me nace poder
decírtelo de forma más natural.
Trato de ser sincero.
Me asusta tu mueca, tus ojos de terror más redondos que nunca,
tus cejas levantadas y tú ceño fruncido.
Tartamudeo cuando me sacas la mirada
y se te pierde en algún punto del suelo,
como buscando un lente de contacto que se te cayó.
Se te notan pensamientos nerviosos.
Soy rico y tengo inmensas riquezas y te las puedo mostrar,
pero tendrás que seguirme, no puedo forzarte.
Una vez que estemos allí no hará falta forzarte.
Me das la espalda, pero con miedo.
No te voy a hacer daño.
Puedo hacer construir una torre para que vivas allí,
a salvo.
No podrás ver a otras personas, pero estarás a salvo.
cantaremos canciones hermosas
y las charlas se prolongarán toda la noche.
No te vayas, te dije que no corras, te harás daño y a mi también.
Dejame abrazarte una vez más. Se siente bien pero...
estás tiritando.
¿Algo del palacio te asustó?
No sos la primer persona que no quiere vivir allí.
No entiendo nada, seríamos al fin felices con la
misma felicidad que venden esas empresas por televisión.
Tendrías lo que siempre soñaste y yo te tendría a vos.
No puedo más que regresar solo,
dónde soy inteligente y creativo,
dónde mi palabra es escuchada por miles de personas,
dónde soy el héroe que todo lo puede,
dónde como mis deliciosos manjares
y viajo por el mundo mostrando
mi cuerpo tallado en mármol.