martes, 25 de febrero de 2014

LA BATALLA


Hay un elemento crucial que la hace diferente a cualquier otra batalla. No solamente es la batalla final, sino que ahora hay un tercer participante.

Afuera se escucha la ruidosa y masiva marcha que se convocó. Son 2 marchas, 2 convocatorias diferentes. Hay 2 sectores, 2 ideologías. Los 2 se dicen de bien, y los 2 acusan de mal. Las columnas se juntarán en cualquier momento sobre la Avenida en la que vivo. El choque es inminente y el País entero se paraliza. Después de ésto no hay nada, lo prometo.

Si bien veo todo por televisión, desde el balcón de mi departamento tengo una vista preferencial. Vivo en un segundo piso y a lo lejos veo la masa de gente acercarse con furia de ambos lados. Bombos, redoblantes, trompetas, pirotecnia y gritos enfermizos se convierten en declaraciones de guerra, en ansias de sangre. La policía y gendarmería en medio nada podrá hacer. Para jugarse el todo por el todo, el miedo debe desaparecer. 

Han aconsejado cerrar las ventanas y bajar las persianas. La televisión informa minuto a minuto todas las alternativas del caso. Hay reportajes en vivo a vecinos de la zona. Ya informan muertos y heridos en otros lados. Veo la mayoría de los balcones vecinos cerrados. Somos pocos los que nos animamos a seguir admirando el espectáculo. Es un momento histórico y no lo voy a pasar escondido. No lo voy a ignorar.

Los ecos de las bombas de estruendo y las percusiones retumban cada vez con más violencia ayudados por la acústica que logran los altos edificios. Por otro lado, los cánticos se tornan ensordecedores y, en algún punto, se fundieron unos con otros provocando un ruido constante y gutural que hacía vibrar todos los objetos colgantes del departamento. Las columnas se acercan. Llega la hora.

Dejo todo abierto y bajo corriendo. Las columnas de gentes están en cada esquina. Cada tanto vuela una piedra o una madera de un lado a otro pero sin ocasionar mayores daños. Las cámaras de los canales de televisión se ubican a los costados, casi guarecidos en los pórticos de los edificios. Algunos ya se ubicaron en departamentos vecinos. Está todo armado y muy bien orquestado. Todo sucede según los cálculos. Soy el tercer participante.

Ya abajo, en la vereda y justo a media cuadra, me ubico en medio de la calle. Estoy asustado. Sé perfectamente que en éstos momentos salgo en todos los canales ¡Por Dios, cómo transpiro! 

lunes, 24 de febrero de 2014

EL INVITADO

Mientras hacíamos la sobremesa, con café y helado, en la casa de un compañero de trabajo de mi novia, pregunté por el baño. Realmente tenía ganas de ir y no podría aguantar hasta llegar a casa. No conocía a los anfitriones y mucho menos su casa. Estaban invitadas otras 2 parejas más. En tal ocasión festejábamos el cumpleaños del compañero de mi novia, en una fiesta que hizo solo para gente del trabajo.

La cena estuvo a cargo de mi novia y la esposa del agasajado. Iban y venían de la cocina al comedor. Traían fuentes de comida, llevaban otras tantas, buscaban botellas, llevaban las vacías. Un gran trabajo para que todo salga lo mejor posible. No me quedó otra opción que intentar socializar.

Me indicaron que el baño se encontraba por el pasillo, la primera puerta a la izquierda. Era un lindo baño. Salí en unos minutos y, al hacerlo, noté una especie de tos proveniente de la habitación del frente del baño.

Me asomé y vi un velador encendido apuntando justo a un moisés en medio de la cama matrimonial. Dentro de el, un bebé durmiendo. Se nota que estaba teniendo un sueño ya que se movía bastante. Le acaricié el pechito y la cabecita y se tranquilizó. Era un bebé hermoso y yo me llevo muy bien con los niños. Le di uno de esos besos tiernos que se les dan a los bebés y salí.

Al cabo de un rato más nos comenzamos a ir. La cena y el postre estuvieron impecables. La charla fue amena y divertida. Estaba muy satisfecho con la calidez humana de los compañeros de mi novia. Son un grupo fantástico.

Fuimos la última pareja en irnos y, al salir por la puerta, ya despidiéndonos, noté un par de cuadros en la pared con la foto del bebé. No quise perder la ocasión de felicitarlos por tan bella criatura. Señalé uno de los cuadros y les dije:

 - Por cierto, felicitaciones por el bebé, es muy hermoso.

 - Agradecemos el cumplido. No te sientas mal pero...lamentamos su pérdida hace más de 2 años. Entendemos que no sabías nada de esta situación. No hay problema.

 - Pero...no puede ser. Lo acabo...

En ese momento sentimos llantos infernales provenientes de la habitación.-

domingo, 23 de febrero de 2014

COSAS PRIVADAS

Típica siesta de domingo que me dio por acostarme a dormir unas horas. Cerré todas las ventanas, junté las cortinas. Tenía que estar completamente oscuro.

Ni bien me acosté me dio un poco de frío. Me levanté y fui hasta el placard. En la parte de arriba están los acolchados, todos apretados, todavía con olor a naftalina. Estaba en pleno cambio de temporada.

Al sacar una frazada al azar cayó una caja de zapatos. Era la caja que había forrado mi hijo de 5 años. Lo había ayudado mi esposa una tarde, ya hacen 2 años atrás. Ambos murieron.

Fue en unas vacaciones en una estúpida atracción en el río. Mi hijo murió ahogado, mi mujer de un golpe en la cabeza intentando salvarlo. Todo mientras yo me quedé en la cabaña mirando un partido de fútbol.

Esta cajita forrada es uno de esos objetos que dejé tal cual estaban, al igual que las zapatillas con luces de mi hijo o toda la bijouterie de mi esposa.

Levanté la caja del piso para acomodarla en su lugar y sentí un extraño objeto rodar dentro de ella. Siempre pensé que estuvo vacía. Iba a dejarla como estaba, pero me ganó la curiosidad.

La caja estaba precintada por lo que tuve que romper una parte para abrirla. Había poca luz pero diferencié algo en forma redonda, como una pelotita que cabía en mi mano. La textura era como de un peluche, pero era un poco más pesado que eso.

Extendiendo mi brazo, llevé el objeto hacia un pequeño haz de luz que entraba por la ventana. Me quedé paralizado. Era la cabeza del perro cachorro de mi hijo. Se había extraviado 1 mes antes de la muerte de él. Todavía tenía la sangre tibia.

En un reflejo casi involuntario solté la cabeza, salté la cama y me topé con mi hijo. "No toques mis cosas", me dijo.-

LA MILICIA

Hace mucho que esperamos este día. El día del reencuentro. Mi hijo vuelve de la guerra. Ésta guerra que se cobró decenas de miles de vidas de ambos lados, la más sangrienta en lo que va de éste Siglo.

Ambas partes dicen haber ganado. Después de un cordial abrazo, seguido por la Firma de la Paz, ambos Representantes de cada País declaran a sus propios medios de comunicación haber triunfado. En las calles hay fiestas continuadas.

Al fin terminó todo. Lamento profundamente la desazón de las familias que perdieron a alguien. A los padres, a los hijos, a los hermanos o a los amigos. Aquí pelearon y perdieron todos por igual. Hombres, mujeres y niños. De ambos lados. Todos con un arma. Todos con un mismo ideal.

Al parar el colectivo, el segundo en bajar, tras el descenso de un soldado flaco y con marcados signos de desnutrición, es mi hijo.

Se lo ve bien, algo débil, aunque sigue teniendo ese aspecto fuerte y rudo que lo caracteriza. Baja confiado y seguro, con la tranquilidad que tienen los que aprueban un examen o terminan un difícil trabajo.

Nos damos un fuerte aunque corto abrazo y, antes que pueda decirle algo, me cuenta apurado lo feliz que estaba de volver a su casa, a su Patria, aquella que supo defender con valor.

 - Misión cumplida Papá. Sostuve el rifle como me enseñaste. Casi no me puse nervioso. Corríamos por todos los techos. Corríamos todo el día, pero maté varios de esos putos. Deberías ver lo mucho que he mejorado mi puntería.

 - Estoy orgulloso hijo mío, realmente. Pero recuerda que...

 - No llores Papá, no vale la pena desperdiciar lágrimas. Sé como piensas. Sé lo que me vas a decir. Volvería a pasar por lo mismo una y otra si nuestra Gran Nación fuera amenazada. No me importa una mierda quién comenzó todo. Me desangraría en cada centímetro de nuestras fronteras por expulsar al enemigo o a los traidores de acá dentro. Seguimos en guerra Papá, ya derrotamos a un enemigo. Ahora queda el más difícil.

 - Eso lo sé hijo, queda el más difícil...

Tomó por sorpresa a todos los que estaban en el andén el seco y fuerte sonido de un disparo.

Seguí llorando como cuando vi el colectivo alejarse con todos los reclutas, hacía ya 16 meses. Seguí llorando, ésta vez, con el arma de mi hijo en mi mano.-

DEPARTAMENTO ALQUILADO

Me llamó la atención un ruido como de un motor chico, era un ruido constante. El sonido provenía de la cocina. Hace 6 años que alquilo aquí y nunca antes lo había sentido.

Eran las 5:30 de la mañana y casi la hora de levantarme para ir al trabajo. Aun de noche, decidí salir de la cama para investigar si algo se había roto en la cocina.

Al salir de la habitación noté que la puerta de la pieza del frente, que utilizo sólo para guardar cosas, estaba entreabierta. Me preocupaba más el sonido. Seguí camino hacia la cocina y, antes de entrar, encendí la luz.

El ruido era una cafetera eléctrica que estaba programada para activarse. El aroma era exquisito, pero yo nunca tuve cafetera eléctrica; además, muchos muebles estaban cambiados de lugar.

Sentí una voz saliendo de la habitación desocupada. Me apuré por llegar hasta la puerta de salida. En medio de la oscuridad del living, tanteé la pared hasta encontrar las llaves colgadas. Abrí la puerta con extrema cautela, siempre mirando fijamente en el pasillo que conducía a la pieza. Antes de salir noté que se encendió una luz.

Salí corriendo por el pasillo. Bajé por las escaleras los tres pisos, en pijamas y descalzo. No pensaba más que en salir del edificio y buscar a un policía. Antes de llegar a destino, me encontré con la portera, en la planta baja, a la que le dije casi sin aliento y desesperado que alguien había entradop en mi departamento y que algo también pasó con mis muebles.

Se dio vuelta y me miró asustada. Reculaba con pasitos cortos sin decirme nada, solo me seguía mirando con terror.

Yo la vi directamente a los ojos, era ella, pero más vieja. Yo era yo, pero mi departamento hacía mucho tiempo que había dejado de ser mio.-

REVOLUCIÓN

¿Cómo puedo pedirte revolución? No tengo derecho, no debo siquiera intentarlo.

¿Cómo puedo pedirte revolución? Si soy yo el que aun no puede reírse de lo malo ni llorar por algo conseguido.

Es que cuando hacemos planes para el futuro, el Diablo se sonríe.

EN LA CAMA

Apagué la luz con intenciones de dormir. Hacía calor así que no me tapé. Mis pies salían por detrás de la cama. Estaba cansado y los ojos se me cerraban solos.

Al cabo de un instante comencé a sentir una presencia rara. El corazón, por algún motivo, empezó a latir con fuerza y velocidad. No estaba solo.

Creí escuchar un pequeño ruidito en los pies de la cama. No podía ver nada en tanta oscuridad. Me quedé inmóvil y aguantando la respiración con el objeto de no entorpecer mis sentidos.

Sentí un soplido en la planta del pie desnudo. Era un soplido de aire helado que me paralizó por completo. Empecé a mover la pierna lentamente hacia un costado y así llevar el pie nuevamente arriba de la cama. Cuando estaba por llegar, algo sujetó mi pie con mucha fuerza. Algo que salió de abajo de la cama.

Del susto salté contra la cabecera de la cama, estaba sin aliento y no podía ver nada. Algo se extendió por detrás mío tapándome la boca y los ojos.

"No te duermas", escuché antes de perder el conocimiento.-

LA IMAGEN DEL ESPEJO

La imagen en el espejo me llama de vez en cuando. Siempre que entro solo a la habitación me llama. Es una imagen que se parece mucho a mi. Soy yo, pero con algunos años de más. A veces con unos 10 años más, otras veces me reconozco muy viejo, demasiado anciano.

Veo el espejo desde el pasillo y noto que la imagen está distraída, en su mundo y, ni bien entro a la habitación, se apura por acomodarse recto, sin moverse del lugar ni emitir sonido alguno. Solo levanta su dedo índice y le da unos golpecitos al espejo por el otro lado, con la uña.

Una vez que capta mi atención me quedo absorto con la imagen. Hace años que veo ese espejo y ese yo del otro lado me vuelve a sorprender.

No se por que tengo la capacidad de ver esto. Sé que no es algo bueno porque cada vez que me veo al espejo me quedo paralizado del miedo. A veces el terror que siento me ha hecho llorar.

Sólo hasta que la imagen decide darse vuelta y desaparecer yo puedo moverme y recuperar el aliento mientras mi corazón se tranquiliza.

Nunca lo hablé con nadie. Supongo que al no ser normal, no me creerían. Además, parte de mi quería y necesitaba mirar el reflejo todos los días. La otra parte lo detestaba.

Un día, queriendo ser libre, decidí no mirarlo. Entré a la habitación como siempre, aunque mirando de reojo al espejo, mirando sin mirar. Del otro lado la imagen me llamaba como siempre para captar mi atención, pero yo me había propuesto no mirar, aunque me moría de ganas.

Los golpecitos de uña en el vidrio se tornaban cada vez más nerviosos. Él se daba cuenta de mi indiferencia. Yo seguía sin mirar, le daba la espalda mientras silbaba una canción tranquila. Estoy seguro que él no podía creer que yo actuara de esa manera.

Golpeó el vidrio por dentro con la mano izquierda una y dos veces. Con un miedo aterrador seguí ignorando la imagen, a él. A mi.

A partir de ese momento empezó a emitir un gemido bien agudo, como el gemido de un gato en celo. Sospecho que quería gritar y no sabía como hacerlo.Se estaba quejando y yo sentía que estaba furioso.

Volteé rápidamente y quedé frente al espejo, con la cara a 20 centímetros, apoyándome con mis brazos en una pequeña cómoda debajo, asustado, como pidiéndole perdón por hacerlo enojar. Me vi a mi mismo del otro lado con las manos sangrando, tratando de buscar, desesperada y frenéticamente, los bordes del espejo.

Era evidente que buscaba salir de allí. Estaba tratando de cruzar para mi lado. Seguía golpeando el vidrio, buscando, intentando gritar. El gemido era horrible.

No me paralicé como siempre me sucedía. Seguía parado frente al espejo pero podía moverme a voluntad. Comprendí que ya era tarde para admirarme en silencio como envejecía. Igual elegí quedarme. A este punto ya sólo quería descubrir como seguiría todo.

Algo había despertado al intentar rebelarme.

Mi imagen comenzó a golpear la cabeza contra el vidrio. El sonido que hacía era hueco, como dentro de un tanque de agua. Después de unos cuantos golpes, la cabeza cruzó para mi lado. Hice unos pasos atrás ante el estallido de cristales. La cabeza se asomó, llena de sangre al cortarse con las esquinas del espejo roto, y me miró. Seguía siendo yo, pero no más viejo, sino exactamente yo. Intentó decir algo pero no pudo y cayó. No alcanzó a cruzar todo el cuerpo.

Me empezó a dar un fuerte dolor de cabeza mientras veía el cuerpo de mi imagen, de mi reflejo, agonizando en frente mio.

A las cinco de la tarde, cuando mi esposa llega del trabajo, me encuentra en la habitación, tirado en el piso, boca abajo y sobre un gran charco de sangre.

Rompiendo un vidrio me corté las venas de los brazos primero, luego la yugular.-

EL FINAL

¿Qué es el final? No lo podría describir. No lo puedo sentir. No se siente.

Rehúso a conocerlo. No estoy listo. Nunca me prepararon para algo así.

Por más que lo trato de comprender me resulta imposible imaginar lo que podría llegar a sentir en ese momento, lo que podría llegar a pensar cuando esté cara a cara con la muerte, en el exacto segundo en que cierro los ojos.

¿Me dará tiempo a cerrar los ojos? ¿Qué viene después? ¿Un cupón sin premio por haber participado sin haber estado obligado a comprar? ¿Otra vida en el Paraíso? ¿Un renacimiento en condiciones peores a la vida pasada? ¿La Nada misma, tal vez?

Cualquier cosa menos la Nada misma, no quiero ser un numerito de censo más.

En realidad no lo quiero saber. No quiero saber nada. Me aterra, me horroriza pensar en eso. Es bastante desalentador andar pensando en la muerte ¿Nadie se lo planteó antes?

Escribiría un libro de cómo y por qué no se debe pensar en la muerte. La estúpida idea no nos deja disfrutar la vida. Eso mismo le diría a mis hijos, que sepan disfrutar la vida. Que vivan plenamente, les diría. Les diría tantas cosas.

Justo después de viajar diez pisos, mi cuerpo tocó el suelo.-

LA SOMBRA

Simplemente me dormí. No recuerdo haber cerrado los ojos. Me dormí. El sueño fue como de 5 segundos, o eso me pareció. Tampoco recuerdo que soñé.


La sombra se proyectó entre la luz y yo. No la vi tan clara pero sabía de que se trataba. Mejor me despertaba antes que la sombra ocupara su lugar habitual.

Cinco segundos después,alguien me despertó. "Vamos a esperar un poco más", me dijo.-