Hay un elemento crucial que la hace diferente a cualquier otra batalla. No solamente es la batalla final, sino que ahora hay un tercer participante.
Afuera se escucha la ruidosa y masiva marcha que se convocó. Son 2 marchas, 2 convocatorias diferentes. Hay 2 sectores, 2 ideologías. Los 2 se dicen de bien, y los 2 acusan de mal. Las columnas se juntarán en cualquier momento sobre la Avenida en la que vivo. El choque es inminente y el País entero se paraliza. Después de ésto no hay nada, lo prometo.
Si bien veo todo por televisión, desde el balcón de mi departamento tengo una vista preferencial. Vivo en un segundo piso y a lo lejos veo la masa de gente acercarse con furia de ambos lados. Bombos, redoblantes, trompetas, pirotecnia y gritos enfermizos se convierten en declaraciones de guerra, en ansias de sangre. La policía y gendarmería en medio nada podrá hacer. Para jugarse el todo por el todo, el miedo debe desaparecer.
Han aconsejado cerrar las ventanas y bajar las persianas. La televisión informa minuto a minuto todas las alternativas del caso. Hay reportajes en vivo a vecinos de la zona. Ya informan muertos y heridos en otros lados. Veo la mayoría de los balcones vecinos cerrados. Somos pocos los que nos animamos a seguir admirando el espectáculo. Es un momento histórico y no lo voy a pasar escondido. No lo voy a ignorar.
Los ecos de las bombas de estruendo y las percusiones retumban cada vez con más violencia ayudados por la acústica que logran los altos edificios. Por otro lado, los cánticos se tornan ensordecedores y, en algún punto, se fundieron unos con otros provocando un ruido constante y gutural que hacía vibrar todos los objetos colgantes del departamento. Las columnas se acercan. Llega la hora.
Dejo todo abierto y bajo corriendo. Las columnas de gentes están en cada esquina. Cada tanto vuela una piedra o una madera de un lado a otro pero sin ocasionar mayores daños. Las cámaras de los canales de televisión se ubican a los costados, casi guarecidos en los pórticos de los edificios. Algunos ya se ubicaron en departamentos vecinos. Está todo armado y muy bien orquestado. Todo sucede según los cálculos. Soy el tercer participante.
Ya abajo, en la vereda y justo a media cuadra, me ubico en medio de la calle. Estoy asustado. Sé perfectamente que en éstos momentos salgo en todos los canales ¡Por Dios, cómo transpiro!