Típica siesta de domingo que me dio por acostarme a dormir unas horas. Cerré todas las ventanas, junté las cortinas. Tenía que estar completamente oscuro.
Ni bien me acosté me dio un poco de frío. Me levanté y fui hasta el placard. En la parte de arriba están los acolchados, todos apretados, todavía con olor a naftalina. Estaba en pleno cambio de temporada.
Al sacar una frazada al azar cayó una caja de zapatos. Era la caja que había forrado mi hijo de 5 años. Lo había ayudado mi esposa una tarde, ya hacen 2 años atrás. Ambos murieron.
Fue en unas vacaciones en una estúpida atracción en el río. Mi hijo murió ahogado, mi mujer de un golpe en la cabeza intentando salvarlo. Todo mientras yo me quedé en la cabaña mirando un partido de fútbol.
Esta cajita forrada es uno de esos objetos que dejé tal cual estaban, al igual que las zapatillas con luces de mi hijo o toda la bijouterie de mi esposa.
Levanté la caja del piso para acomodarla en su lugar y sentí un extraño objeto rodar dentro de ella. Siempre pensé que estuvo vacía. Iba a dejarla como estaba, pero me ganó la curiosidad.
La caja estaba precintada por lo que tuve que romper una parte para abrirla. Había poca luz pero diferencié algo en forma redonda, como una pelotita que cabía en mi mano. La textura era como de un peluche, pero era un poco más pesado que eso.
Extendiendo mi brazo, llevé el objeto hacia un pequeño haz de luz que entraba por la ventana. Me quedé paralizado. Era la cabeza del perro cachorro de mi hijo. Se había extraviado 1 mes antes de la muerte de él. Todavía tenía la sangre tibia.
En un reflejo casi involuntario solté la cabeza, salté la cama y me topé con mi hijo. "No toques mis cosas", me dijo.-
No hay comentarios.:
Publicar un comentario