martes, 29 de abril de 2014

DESPERTAR

Un rugido escuché, un último aliento exhalado con fuerzas, con bronca y ronco. Sobre todas las cosas, con bronca. Retumbó el sonido en una habitación blanca y solitaria. En el sonido se distinguió algo parecido a unas palabras, una frase. No entendí.

No estoy en otro lugar aunque me parece escuchar el ruido de mi ventilador turbo en la segunda velocidad. Fue en una mañana de Enero, hacía calor pero la habitación estaba fresca. Algunos pájaros ya molestaban con su piar pero nunca iba a cerrar las ventanas.

La luz del sol ya había aclarado la habitación así que me volví a tapar con la sábana y me di vuelta hacia el otro costado, de espaldas a la ventana, al mismo tiempo que daba vuelta la almohada hacia el lado fresquito. 

No creo haber soñado algo lindo, tampoco sentía el cuerpo reparado por el sueño, aunque despertar allí, en ese lugar, fue hermoso.

Fueron unos segundos nomas, luego entendí la frase.-

LOS 2 FAROS

La suerte del Náufrago depende, no de sí mismo, sino de las caprichosas corrientes marinas. Nada más.

Parece que al fin está llegando a algún lugar en el que se pueda hacer pié. Lo ve una vez más, como cientos de veces, pero en ésta ocasión su imaginación no lo traiciona como en las anteriores.

Con la cabeza apoyada en esa especie de balsa de goma y apenas abriendo uno de sus ojos, logra distinguir dos grandes Faros. Uno está a su izquierda, en tanto que el otro se ubica a su derecha. Su balsa parece encaminarse por el centro.

No es fácil juntar las fuerzas necesarias para que el oleaje de la playa no devuelva a ese perdido y eventual marino a plena mar otra vez, como un resorte.

Las fuerzas casi se acabaron. No solamente las físicas. Pero los faros no solo sirven para alumbrar al desahuciado, sino que también lo guía. 

Lo que prometen éstos Faros, a lo lejos, es más de lo que la muerte puede ofrecer, es la idea de una vida que se puede vivir.-

LAS TORMENTAS

No estuve ausente, nunca estuve lejos. Estuve brindado con amigos y también con ciertos Demonios menores en aquellos viajes quietos. 

He brindado por ellos en soledad  junto a mis mayores temores, junto a mis mayores horrores. Aquellos que no me dejaron ganar ni una sola y mísera batalla.

Nunca he levantado la copa por alguien que ya no está, esas las levanté con Él en persona. Es tan innecesario hacerlo como carente de sentido.

Sin embargo parece que los veo, allí están y estarán. No son muchos pero mi ejército puede conquistar esa Ciudad Santa por la que venimos peleando hace largo tiempo. No estamos más fuertes. No brindarán aun, seguirán peleando.

Hay tormentas que no se atraviesan solos.-