La sonrisa del León nunca es como en la foto. Él reina desde lo alto y tiene todo bajo control. Sale de su cueva solo para cazar. No juega con sus presas, pues él no es de jugar. Esa etapa es del cachorro, que lo sigue de atrás.
Una servidumbre fiel, cortesanas y demás, presentan sus respetos (sin saber que esperar).
En la selva un rey no nace, ni siquiera se hace, sino que se transforma al llegar.
Ese cachorro, que aún no muestra las zarpas, poco a poco sentirá el olor a sangre y el gusto a carne desgarrada de la presa aún tibia. Hay un precio que pagar.
La más bestia entre las bestias. Ese cachorro sólo quiere jugar, pero los demás fieros reyes, marcando su aventura, el camino le allanarán.
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